lunes, 20 de abril de 2026

El Barroco

   

¿Qué es el Barroco?


El Barroco fue un período de la historia de la cultura en Occidente que abarcó el siglo XVII y principios del XVIII y marcó un cambio en la manera de concebir el arte. Tuvo impacto en numerosas áreas de la cultura y del saber como las bellas artes (arquitecturapinturaescultura), las letras (literaturapoesía), y la filosofía).

El estilo barroco se caracterizó por la ornamentación sobrecargada, la expresión exagerada de las pasiones, la exuberancia, el detalle elaborado, la pompa y el contraste. Surgió en una época de tensiones tras la reforma protestante, la contrarreforma y el auge de las monarquías absolutistas, y se dio tanto en Europa occidental como en sus colonias de Latinoamérica, a partir del siglo XVII, tras el Renacimiento.


Mientras el arte renacentista estaba inspirado en la armonía clásica: la simetría, el equilibrio y la proporción, el Barroco propuso todo lo contrario: desmesura, asimetría, exageración, dramatismo, ostentación y distorsión de las formas.


El Barroco cambió radicalmente el modo de hacer arte y de pensar la cultura. Algunas de sus principales características fueron:

1. Se oponía a las formas artísticas y valores del Renacimiento

El Renacimiento abarcó temas como el amor y la belleza y se caracterizó por rescatar la cultura clásica, el antropocentrismo, la búsqueda de la perfección, la simetría y las representaciones idealistas. El Barroco, por el contrario, estuvo teñido por el pesimismo, la angustia y la aflicción, estados que se vieron reflejados en obras dramáticas y exageradas.

2. Ponía el centro en la subjetividad y la emoción individual

En lugar de la representación de ideales (como bondad, belleza o perfección), el Barroco buscaba reflejar pasiones y situaciones subjetivas para despertar emociones intensas. Ponía el énfasis en las formas enérgicas, la exuberancia, la asimetría, el contraste y los efectos dramáticos obtenidos por efecto del detalle, el claroscuro, la textura o los recursos poéticos.

3. Exaltaba los valores de la religión y de la monarquía

Las monarquías absolutistas y la Iglesia católica fueron grandes mecenas del Barroco, por lo cual sus expresiones artísticas funcionaron como medio de propaganda frente a la creciente amenaza del protestantismo. Con este objetivo se construyeron grandes palacios, iglesias y catedrales que buscaban exaltar los referentes nacionales y religiosos.

4. Produjo obras ostentosas y complejas

El Barroco se caracterizó por hacer foco en los detalles y generar piezas exuberantes, sugerentes y recargadas de ornamentos. Se suele relacionar al Barroco con el vocablo latino horror vacui (miedo al vacío), que consiste en llenar por completo una superficie con decorado o figuras, sin dejar ningún espacio vacío.

5. Representó un cambio cultural total

El Barroco no fue solo un movimiento, sino una forma diferente de concebir y hacer arte. Se extendió por todo el continente europeo y sus colonias y tuvo exponentes en todos los campos y disciplinas artísticas, desde la pintura hasta la música, pasando por la escultura, la arquitectura y la literatura.






 



martes, 31 de marzo de 2026

No oyes ladrar a los perros - Juan Rulfo



-Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte.

-No se ve nada.

-Ya debemos estar cerca.

-Sí, pero no se oye nada.

-Mira bien.

-No se ve nada.

-Pobre de ti, Ignacio.

La sombra larga y negra de los hombres siguió moviéndose de arriba abajo, trepándose a las piedras, disminuyendo y creciendo según avanzaba por la orilla del arroyo. Era una sola sombra, tambaleante.

La luna venía saliendo de la tierra, como una llamarada redonda.

-Ya debemos estar llegando a ese pueblo, Ignacio. Tú que llevas las orejas de fuera, fíjate a ver si no oyes ladrar los perros. Acuérdate que nos dijeron que Tonaya estaba detrasito del monte. Y desde qué horas que hemos dejado el monte. Acuérdate, Ignacio.

-Sí, pero no veo rastro de nada.

-Me estoy cansando.

-Bájame.

El viejo se fue reculando hasta encontrarse con el paredón y se recargó allí, sin soltar la carga de sus hombros. Aunque se le doblaban las piernas, no quería sentarse, porque después no hubiera podido levantar el cuerpo de su hijo, al que allá atrás, horas antes, le habían ayudado a echárselo a la espalda. Y así lo había traído desde entonces.

-¿Cómo te sientes?

-Mal.

Hablaba poco. Cada vez menos. En ratos parecía dormir. En ratos parecía tener frío. Temblaba. Sabía cuándo le agarraba a su hijo el temblor por las sacudidas que le daba, y porque los pies se le encajaban en los ijares como espuelas. Luego las manos del hijo, que traía trabadas en su pescuezo, le zarandeaban la cabeza como si fuera una sonaja. Él apretaba los dientes para no morderse la lengua y cuando acababa aquello le preguntaba:

-¿Te duele mucho?

-Algo -contestaba él.

Primero le había dicho: “Apéame aquí… Déjame aquí… Vete tú solo. Yo te alcanzaré mañana o en cuanto me reponga un poco.” Se lo había dicho como cincuenta veces. Ahora ni siquiera eso decía. Allí estaba la luna. Enfrente de ellos. Una luna grande y colorada que les llenaba de luz los ojos y que estiraba y oscurecía más su sombra sobre la tierra.

-No veo ya por dónde voy -decía él.

Pero nadie le contestaba.

El otro iba allá arriba, todo iluminado por la luna, con su cara descolorida, sin sangre, reflejando una luz opaca. Y él acá abajo.

-¿Me oíste, Ignacio? Te digo que no veo bien.

Y el otro se quedaba callado.

Siguió caminando, a tropezones. Encogía el cuerpo y luego se enderezaba para volver a tropezar de nuevo.

-Este no es ningún camino. Nos dijeron que detrás del cerro estaba Tonaya. Ya hemos pasado el cerro. Y Tonaya no se ve, ni se oye ningún ruido que nos diga que está cerca. ¿Por qué no quieres decirme qué ves, tú que vas allá arriba, Ignacio?

-Bájame, padre.

-¿Te sientes mal?

-Sí

-Te llevaré a Tonaya a como dé lugar. Allí encontraré quien te cuide. Dicen que allí hay un doctor. Yo te llevaré con él. Te he traído cargando desde hace horas y no te dejaré tirado aquí para que acaben contigo quienes sean.

Se tambaleó un poco. Dio dos o tres pasos de lado y volvió a enderezarse.

-Te llevaré a Tonaya.

-Bájame.

Su voz se hizo quedita, apenas murmurada:

-Quiero acostarme un rato.

-Duérmete allí arriba. Al cabo te llevo bien agarrado.

La luna iba subiendo, casi azul, sobre un cielo claro. La cara del viejo, mojada en sudor, se llenó de luz. Escondió los ojos para no mirar de frente, ya que no podía agachar la cabeza agarrotada entre las manos de su hijo.

-Todo esto que hago, no lo hago por usted. Lo hago por su difunta madre. Porque usted fue su hijo. Por eso lo hago. Ella me reconvendría si yo lo hubiera dejado tirado allí, donde lo encontré, y no lo hubiera recogido para llevarlo a que lo curen, como estoy haciéndolo. Es ella la que me da ánimos, no usted. Comenzando porque a usted no le debo más que puras dificultades, puras mortificaciones, puras vergüenzas.

Sudaba al hablar. Pero el viento de la noche le secaba el sudor. Y sobre el sudor seco, volvía a sudar.

-Me derrengaré, pero llegaré con usted a Tonaya, para que le alivien esas heridas que le han hecho. Y estoy seguro de que, en cuanto se sienta usted bien, volverá a sus malos pasos. Eso ya no me importa. Con tal que se vaya lejos, donde yo no vuelva a saber de usted. Con tal de eso… Porque para mí usted ya no es mi hijo. He maldecido la sangre que usted tiene de mí. La parte que a mí me tocaba la he maldecido. He dicho: “¡Que se le pudra en los riñones la sangre que yo le di!” Lo dije desde que supe que usted andaba trajinando por los caminos, viviendo del robo y matando gente… Y gente buena. Y si no, allí esta mi compadre Tranquilino. El que lo bautizó a usted. El que le dio su nombre. A él también le tocó la mala suerte de encontrarse con usted. Desde entonces dije: “Ese no puede ser mi hijo.” Mira a ver si ya ves algo. O si oyes algo. Tú que puedes hacerlo desde allá arriba, porque yo me siento sordo.

-No veo nada.

-Peor para ti, Ignacio.

-Tengo sed.

-¡Aguántate! Ya debemos estar cerca. Lo que pasa es que ya es muy noche y han de haber apagado la luz en el pueblo. Pero al menos debías de oír si ladran los perros. Haz por oír.

-Dame agua.

-Aquí no hay agua. No hay más que piedras. Aguántate. Y aunque la hubiera, no te bajaría a tomar agua. Nadie me ayudaría a subirte otra vez y yo solo no puedo.

-Tengo mucha sed y mucho sueño.

-Me acuerdo cuando naciste. Así eras entonces. Despertabas con hambre y comías para volver a dormirte. Y tu madre te daba agua, porque ya te habías acabado la leche de ella. No tenías llenadero. Y eras muy rabioso. Nunca pensé que con el tiempo se te fuera a subir aquella rabia a la cabeza… Pero así fue. Tu madre, que descanse en paz, quería que te criaras fuerte. Creía que cuando tú crecieras irías a ser su sostén. No te tuvo más que a ti. El otro hijo que iba a tener la mató. Y tú la hubieras matado otra vez si ella estuviera viva a estas alturas.

Sintió que el hombre aquel que llevaba sobre sus hombros dejó de apretar las rodillas y comenzó a soltar los pies, balanceándolo de un lado para otro. Y le pareció que la cabeza, allá arriba, se sacudía como si sollozara.
Sobre su cabello sintió que caían gruesas gotas, como de lágrimas.

-¿Lloras, Ignacio? Lo hace llorar a usted el recuerdo de su madre, ¿verdad? Pero nunca hizo usted nada por ella. Nos pagó siempre mal. Parece que en lugar de cariño, le hubiéramos retacado el cuerpo de maldad. ¿Y ya ve? Ahora lo han herido. ¿Qué pasó con sus amigos? Los mataron a todos. Pero ellos no tenían a nadie. Ellos bien hubieran podido decir: “No tenemos a quién darle nuestra lástima”. ¿Pero usted, Ignacio?

Allí estaba ya el pueblo. Vio brillar los tejados bajo la luz de la luna. Tuvo la impresión de que lo aplastaba el peso de su hijo al sentir que las corvas se le doblaban en el último esfuerzo. Al llegar al primer tejaván, se recostó sobre el pretil de la acera y soltó el cuerpo, flojo, como si lo hubieran descoyuntado.

Destrabó difícilmente los dedos con que su hijo había venido sosteniéndose de su cuello y, al quedar libre, oyó cómo por todas partes ladraban los perros.

-¿Y tú no los oías, Ignacio? -dijo-. No me ayudaste ni siquiera con esta esperanza.

FIN


1953


Conferencia Alvar Nuñez Cabeza de Vaca

 


 

PELÍCULA 



viernes, 13 de marzo de 2026

Crónicas de Indias

Las Crónicas de Indias son un género literario narrativo que se desarrolló durante la era de los descubrimientos y la colonización española de América. Las obras de este género proporcionan relatos históricos, geográficos, etnográficos y descriptivos del Nuevo Mundo, escritos por autores conocidos como cronistas, quienes buscaban documentar las tierras, los pueblos y los acontecimientos que encontraban o de los que tenían conocimiento.[

El género sentó las bases de la literatura histórica y descriptiva en la América española. Estas crónicas son fuentes invaluables para la historiografía, la etnografía y la geografía, preservando relatos detallados de la expansión europea y de las diversas sociedades del Nuevo Mundo. Siguen siendo referencias clave para comprender la temprana colonización española, el encuentro entre europeos e indígenas y la formación de las instituciones coloniales.[]







miércoles, 18 de febrero de 2026

Poesía Náhuatl

 


Inscripciones en monumentos, cerámicas y códices atestiguan hoy en día la grandeza de las culturas de lengua náhuatl que, además de todo su desarrollo arquitectónico y científico, forjaron un sistema de escritura y, con él, una literatura digna de ser conocida, especialmente su poesía.
Si bien la conquista de América supuso la destrucción de las instituciones y producciones precolombinas, no todo se perdió. En cuanto a la literatura, sobrevivieron relatos cosmogónicos y anales de la historia, pero sobre todo, poesía.

La lengua náhuatl actuaba en la era prehispánica como una lingua franca del mundo azteca y tolteca. Los aztecas, que llegaron a México-Tenochtitlán hacia el siglo XIII d.C., eran herederos de los toltecas, que habían florecido entre los siglos IX y XI y ya conocían la escritura. Se sabe también que los teotihuacanos hablaban náhuatl y que los olmecas dejaron las más antiguas inscripciones.

Estas culturas desarrollaron un sistema de escritura mixto que incluía signos pictográficos, ideográficos y fonéticos que no han terminado de ser descifrados, si bien es cierto que la mayor parte de su legado fue de tradición oral.

De acuerdo con Miguel León-Portilla, traductor y especialista en la materia, el conquistador Bernal Díaz del Castillo y el misionero Andrés Olmo, también filólogo del náhuatl, atestiguaron la existencia de libros y códices en las culturas prehispánicas. Pero destacó singularmente la obra de Bernardino de Sahagún.

Fraile y cronista, Sahagún compiló mucha de la poesía náhuatl en un manuscrito llamado Cantares mexicanos y en otro llamado Romances de los señores de Nueva España. Estos materiales solo fueron redescubiertos y traducidos en el siglo XIX, momento en el que inicia el estudio de la literatura náhuatl.

Categorías de la literatura náhuatl

Quienes escribían eran llamados o considerados tlamitini, que quiere decir "los que saben cosas". En realidad, los tlamatinime (en plural) fungían como filósofos o poetas.

Desde el punto de vista literario, los documentos encontrados hasta la fecha dan cuenta de dos géneros que fueron cultivados en la era prehispánica:

  • Tlatolli (palabra o discurso), relatos y discursos en prosa sobre historia, conocimiento, etc.; incluye los xiuhámatlque corresponden a los anales de historia;
  • Cuícatl (canto), que corresponden a los poemas y cantos.

Características de la poesía náhuatl

La poesía náhuatl era percibida como una fuente de conocimiento y de memoria ancestral. Por medio de ella, se legaba a las generaciones el conocimiento. Junto a esto, se presume que los cuícatl también eran percibidos como de inspiración divina. En ese sentido, se cree que quienes escribían poesía náhuatl no se consideraban solo poetas, sino filósofos.

Las piezas poéticas que encontramos evocan recuerdos y promueven el diálogo interior, de manera que la espiritualidad y la introspección son elementos muy importantes.

De acuerdo con León-Portilla, a esto se le suma el ritmo y la medida como elementos formales. Se sabe que algunos de estos poemas fueron concebidos para llevar acompañamiento musical o para ser cantados. Los poemas nahuas tienen, así, un tono lírico.

Temas y propósitos de la poesía náhuatl

La poesía náhuatl reflexiona sobre los hechos más profundos de la vida, pero no responde preguntas ni llega a conclusiones determinantes. Para los poetas, la vida se presenta como un misterio que no puede ser resuelto.

Este misterio vital es la principal preocupación. La peculiaridad del destino humano, que no es otra cosa que el paso inclemente del tiempo y la inexorable muerte, es la angustia más patente.

No es, en realidad, una preocupación esencial de la poesía. Dicen los investigadores que el amor nunca tuvo cabida en la poesía prehispánica náhuatl, a pesar de la presencia de ciertos poemas eróticos.En realidad, los poetas abordan las preocupaciones compartidas por la élite. Sus temas serán, pues, el paso del tiempo, la muerte, la guerra, y la poesía y el arte como flor y canto. Junto a esto, también se representaban los mitos cosmogónicos, las creencias religiosas, la amistad en la tierra y, finalmente, pero no menos importante, la invocación a dios, llamado "el dador de vida".

Tomado de: https://www.culturagenial.com/es/poesia-nahuatl/

El juego de la pelota maya

 


El juego de pelota prehispánico fue una actividad tan extendida que abarcó desde la región maya hasta el hoy estado de Arizona, Estados Unidos, con más de 500 canchas.

La cancha, que representaba el universo, estaba dividida en dos por una línea que se encontraba en el suelo. Los límites de la zona de juego simbolizaban la puesta y la aparición de las estrellas. El juego consistía en pasar la pelota, representación del sol, de un lado de la línea al otro, y ganaba al instante quien lograra pasar la pelota a través del centro de las piedras circulares. Para esto los competidores solo podían golpear la pelota con las caderas, los hombros, el antebrazo o la espalda, y no con las manos. La pelota, hecha a base de hule, era tan pesada que debían usar una cincha de cuero en la cadera para golpearla.

Tomado de: Mediateca INAH


Características

Era un ritual muy arraigado en la cultura maya

Se jugaba con dos equipos de 2 a 4 jugadores

Los jugadores usaban protectores corporales y palmas de caucho

Los jugadores golpeaban la pelota con las caderas, los hombros, el antebrazo o la espalda

La pelota estaba hecha de látex líquido extraído de árboles de caucho

El peso de la pelota variaba entre 3 y 5 kilos


Objetivo

Pasar la pelota a través del centro de las piedras circulares

Resolver conflictos sin recurrir a la guerra

Dirimir pleitos por tierras, tributos, contratos comerciales, etc.


Importancia

El juego de pelota maya era una mezcla única de deporte, ritual y teatro

Para los mayas enfrentarse de esta manera podía llegar a significar un adiós eterno y la unión de su alma con el otro mundo

Se sacrificaba ritualmente al capitán del equipo ganador 

Invenciones y descubrimientos de los mayas

 


El calendario Maya


En el calendario maya coexisten varias cuentas de tiempo:

  • el calendario sagrado (tzolk'in o bucxok, de 260 días)
  • el ciclo solar (haab, de 365 días)
  • la rueda calendárica de 52 años
  • la cuenta larga de 5200 Tunes (5125.36 años)
  • la cuenta lunar de 18 meses lunares
  • la cuenta venusiana de 584 días o kines
  • la cuenta de los señores de la noche o Bolon Tiku de 9 días y otros


El sistema de calendario tzolkin consta de 260 días (kines) y tiene 20 meses combinados con trece numerales (guarismos). El tzolk'ín se combinaba con el calendario haab de 365 días de 18 meses (uinales) de 20 días (kines) cada uno y cinco  días adicionales denominados uayeb, para formar un ciclo sincronizado que dura 52 tunes o haabs o 18 980 kines (días).








 


El Barroco

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